miércoles, 1 de junio de 2016

Paz y orden


No había empezado aún -oficialmente- la campaña del 26-J cuando Albert Rivera, en un loco arranque de sinceridad, nos regaló el pasado viernes una cita que pasará a la historia de las cagadas electorales: "en las dictaduras no hay libertad, pero hay cierta paz y orden". Toma ya. Estaba claro que el líder de C’s iba a regresar de su oportunista viaje a Venezuela con el rollito “tú no sabes cómo es aquello, que yo he estado allí”, pero esta pasada de frenada supera todo pronóstico. La frase es consecuencia de una pregunta difícil -desde su perspectiva, claro- : “¿Es Venezuela una dictadura?”. ¿Cómo iba a afirmar Rivera que Venezuela es una dictadura si venía de dar un discurso en un parlamento gobernado por los opositores chavistas? ¿Cómo iba a declarar públicamente que Venezuela no es una democracia si sus elecciones están avaladas por toda la comunidad internacional, observadores españoles incluidos? No quedaba otra opción que decir que aquello es algo distinto a una dictadura. Y si es distinto tiene que ser peor, no va a ser mejor. Pero claro, para que X sea peor que el extremo Y, hay que desplazar Y para hacerle hueco a X. Dicho de otra forma, para que algo sea peor que una dictadura, una dictadura no puede ser lo peor, así que hay que relativizar sus males. Y aquí es donde a la derecha pop, al pijerío “liberal” de la nueva política, se le cayó la máscara cool de un plumazo, con una sola frase. Bueno, con dos, al rematar diciendo que las dictaduras no son “tiranías arbitrarias”, pero la actual Venezuela sí. Franco, Hitler, Mussolini no fueron tiranos, ni arbitrarios, claro. 

En realidad no sorprende, al fin y al cabo la afirmación de Rivera sigue la línea de Ciudadanos respecto a este tema: se oponen a acabar con la simbología fascista, cambiar los callejeros, condenar el franquismo, asignar fondos al cumplimiento la Ley de Memoria Histórica, etc. Tampoco dista mucho la “paz y orden” de Rivera de los “tiempos de extraordinaria placidez” de Mayor Oreja.  Viene a ser el clásico “con Franco se vivía tranquilo, podías dejar la puerta de casa abierta”. Es el mismo facherío de toda la vida, con distinto collar. Y es bueno que lo dejen claro ellos mismos.

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